La socióloga y experta en narcotráfico Laura Etcharren
Por Claudio González (La Capital, Rosario)
La socióloga y consultora en seguridad y
narcotráfico Laura Etcharren pasó por Rosario. A pesar de ser muy crítica del
gobierno santafesino, se reunió con el gobernador Miguel Lifschitz para
intercambiar experiencias y dialogó con La Capital sobre la realidad local.
—
¿Cómo está Rosario en el contexto nacional del narcotráfico?
— Santa Fe ocupa el segundo lugar en el PBI narcodelicitivo nacional
detrás de Buenos Aires. Cada una tiene un enclave: en Buenos Aires el conurbano
y en Santa Fe, Rosario. Y ambas tienen una dinámica diferente al resto de las
provincias. Son lugares donde se genera la concentración no sólo de bandas sino
también de células internacionales vinculadas al narcotráfico.
—
¿En que año se ubica la penetración de esas células?
— Rosario ingresa en un período de complejidad narcodelicitiva a fines
de los '90 y principios del 2000, cuando había pandillas con características
embrionarias y fueron creciendo, evolucionando y mutando, no sólo en su
estética sino en su actividad delictiva al compás de la globalización del
narcotráfico.
—
¿Dónde crecen esos grupos?
— Fundamentalmente en la periferia, un lugar que fue un gran cultivo
y semillero de marginalidad que nada tiene que ver con la pobreza. La
marginalidad no tiene los códigos y el instinto de crecer y superarse para
educar a sus hijos. El pobre quiere que su plan social sea un complemento y la
variable el trabajo; el marginal quiere que el plan social sea su trabajo y el
complemento la venta de drogas.
—
Usted dice que a más policías más delitos. Acá se convocaron fuerzas nacionales
y se habla de más policías en la calle.
— Cuando digo a más policías mayor delito, me refiero a lo que pasa
dentro de la fuerza. Está el mal ejemplo de Buenos Aires, que incorporó 20 mil
policías a una fuerza totalmente estragada. Lo único que hizo fue generar más
delitos porque no se configuró una fuerza nueva sino un brazo armado de
segunda, orgánico a lo existente. Hay buenos agentes, pero algunos reportes
indican que unos mil no pasan el examen psiquiátrico. En el caso de la llegada
de las fuerzas federales el tema es distinto. No es que vaya a ser mejor o
peor. Todo va a depender de la reacción de la policía provincial, que puede
sentirse ninguneada y afectada no sólo en su ego sino en su capacidad operativa
e investigativa. Evidentemente, si se necesitó de esto es porque la policía
provincial fue deficitaria en la lucha contra la inseguridad y el narcotráfico.
Lo más sano es que las fuerzas federales puedan articular con la policía
provincial para crear un clima de seguridad real y no parches.
—
¿Se perdió mucho tiempo?
— Se perdieron décadas. El proceso del narcotráfico en Argentina
viene desde mediados de los '70. En los '80 éramos un país de tránsito. En los
'90 aparecen organizaciones criminales y Argentina presentaba las condiciones
para que anclaran aquí. Entonces empezamos a ver la conformación de pandillas.
En los 2000, con la crisis política, social y económica y el alto nivel de
desempleo se genera una mano de obra que no encontró dónde ir. Y la creación de
planes sociales sin trabajo fue nefasta porque fue la variable, no el
complemento del trabajo. Con esa crisis se produce un primer quiebre del tejido
social y mutación del delito. Pasamos a un estado embrionario en materia de
narcocriminalidad. El segundo quiebre se produce en 2010, con la mutación al
narcocrimen. Y el punto de inflexión con el manejo de la efedrina, entre 2007 y
2008, cuando se consolidan las relaciones con cárteles de México. Entonces la
Argentina es elegida y se deja elegir para abrir el mercado de diseño de
drogas. La tercera mutación se produce este año con un tejido social
desintegrado y la lógica extorsiva.
—
¿Qué sería esa lógica?
— Tiene que ver con los cambios de políticas y el choque de
decisiones. La decisión de dar lucha al narcotráfico a nivel nacional después
de quince años y de circunscribirnos a decir que somos meramente un país de
tránsito y la decisión del narcotráfico de no querer ceder el territorio. Si me
diste un sector corrupto de la policía, territorio, marginalidad y connivencia
¿qué me vas a dar ahora para que me vaya? En ese choque se van plantando
muertos. Es lo que le pasa en Buenos Aires a la gobernadora María Eugenia
Vidal, que no recibe valijas del narcotráfico y le plantan cadáveres. Y en
Rosario pasa lo mismo. La cosecha de cadáveres por lógica extorsiva es por el
freno al narco.
—
¿En qué pudo complicar que Santa Fe no adhiera a la ley de narcomenudeo que
rige desde 2005?
— Yo incentivo a todas las provincias a que adhieran a esa ley. Si
cada provincia lo hiciera se podrían crear bancos regionales de datos que a
aporten a la Nación, y que desde allí se establezcan políticas. El tema es que
durante años Santa Fe no hizo nada porque se fío en que el narcotráfico es un
delito federal. Pero si vos ves que tu provincia está sometida por el
narcotráfico y el control ya no está en la policía sino en el narco, algo tenés
que hacer.
—
¿Qué habló con Lifschitz?
— Yo siempre fui crítica de la gestión en la provincia. Le di al
gobernador mi visión de Santa Fe y el diagnóstico nacional. El es seguidor de
mi trabajo y me pareció muy positivo el encuentro. (El ministro de Seguridad)
Maximiliano Pullaro visitó la fuerza antinarco de Córdoba, que depende del
fiscal general Alejandro Moyano, y a partir de eso surgió la invitación para
charlar sobre el tema. Es un debate que se inicia y es sano que se haga.
—
Nombró a la policía como un sector de poder en connivencia con el delito.
¿Cuáles son los otros?
— El poder político, el económico, el empresariado. No es tan fácil
lavar dinero si no hay vínculos con la economía legal. Y la Justicia por
supuesto. Lo que hace que el narcotráfico se consagre son el culto a la
impunidad, el cultivo de la marginalidad y la jactancia de la anomia.
— Se
habla de más policías, más gendarmes pero no de lo social.
— Esto debe ser un trabajo integral. Un plan de lucha contra la
inseguridad y contra el narcotráfico tiene que estar atravesado por el
desarrollo humano integral. Los planes contra la inseguridad y el narcotráfico
tienen un punto de convergencia que es crear un clima de seguridad desde el
desarrollo humano, con trabajo, salud, educación y vivienda. Hay que entender
que la droga genera violencia y, como enfermedad, es la base del delito.
—
¿Cómo se ataca el problema?
— No hay que anunciar tanto lo que se va a hacer. El búnker que tuvo
su auge con niños como soldados se fue desdibujando y pasó a ser un punto de
venta con delivery. Cambió de acuerdo al tipo de persecución. Vamos a seguir
vendiendo y matando pero nos vamos a mover. Sigue habiendo búnkers. Puede ser
una verdulería, un quiosco o lo que yo llamo «hogar tergiversado». Cuando la
casa es el punto de venta de droga, la cocina, el lugar de acopio. Y en la
misma mesa donde los niños meriendan o hacen los deberes, se corta cocaína, se
arman porros o se cuenta el dinero y tenés un arma de fuego. Es la
socialización primaria del niño con la droga y no con la educación, y a partir
de allí es un viaje de ida que no tiene retorno sin desarrollo humano integral.
Sobre las "narcomaras"
La socióloga Laura
Etcharren tomó como estudio de su libro editado en 2009 el fenómeno de Las
Maras, grupos de pandillas delictivas muy violentas que se desarrollaron en
países de Centroamérica. Sostiene que ese fenómeno en Argentina no crece de la
misma forma, sino con fusión y particularidades locales. Y las denomina
"Narcomaras", que mutan al crimen organizado según la globalización y
las vertientes del narcotráfico. Dice que importaron algunas conductas de los
cárteles de México o Colombia, pero tienen vida propia. Según su teoría, el
fenómeno se presentaba como un conflicto emergente de la pobreza y la
marginalidad. Encontrar en la pandilla un grupo de pertenencia, un poder
colectivo que individualmente no se tenía. Una forma de presentarse ante el
mundo a través de una construcción subjetiva que no fue entendida, en su
momento, por muchos investigadores y por muchos políticos que forjaron, por
omisión y negación, una estructura de poder.
"La provincia de Santa Fe tiene toda la costa
del río Paraná tomada por el narco"
Según la socióloga y
especialista en seguridad, por esa vía llega el 55% de la droga al territorio
santafesino. El resto lo hace por tierra y aire.
"A la provincia de
Santa Fe el 55 % de la droga ingresa por las vías fluviales", sostuvo la
socióloga Laura Etcharren en otra parte del diálogo con La Capital. La asesora
de los gobiernos de Buenos Aires y Córdoba en materia de seguridad y
narcocriminalidad explicó que "el resto de la droga llega por tierra y muy
poco por el tránsito aéreo", a diferencia de lo que ocurrió en otras épocas.
Al respecto, Etcharren
explicó que "cuando uno dice que un 10 %, llega por vía aérea, es mucho
también por las grandes cantidades de droga que se mueven. En los aviones no
sólo hay drogas, sino dinero que se trae de otros países para lavar acá".
Y al referirse al movimiento terrestre, dijo que "si bien preocupan los
corredores de las rutas 34 (que lleva al noroeste del país) y 9 (como corredor panamericano),
es fundamental ver las rutas 11 (que lleva a Paraguay) y la ruta 1 que
atraviesa la costa santafesina porque vienen desde el noreste, que es una zona
neurálgica donde operan entre otras organizaciones, algunos cárteles
mexicanos".
La socióloga se refirió
así a la triple frontera (Argentina, Brasil y Paraguay), dónde, según dice,
"convergen dos proyectos de poder: el narcotráfico y el terrorismo. Hay
células de Hezbolá y Al Qaeda que hacen operaciones de inteligencia y en
algunos casos ofician de vasos comunicante del narcotráfico que pasa por la
Argentina y necesita llegar a Europa o África".
Volviendo a la realidad
provincial, Etcharren dice que "Santa Fe tiene todo el río tomado por el
narcotráfico, esa es la realidad. Por eso la importancia de una mayor presencia
de Prefectura Naval. Además hay que prestar atención a la cercanía con la
provincia de Corrientes, lugar al cual llega la marihuana desde Paraguay y por
donde ingresa a Santa Fe.
No hay que avisar. Y
cuando habla del nivel nacional, la entrevistada comenta que "el grueso
del narcotráfico llega por vía terrestre, entre un 70 y 75 por ciento, aunque es
algo que va fluctuando de acuerdo a las políticas de seguridad. A fines de 2015
estábamos en un 65 por ciento por vía terrestre, pero después subió 10
puntos".
En ese marco, cuando
habla de estadísticas la socióloga Laura Etcharren introduce otra variable, la
que denomina como "pasión comunicacional de anunciar lo que se va a
hacer". Y menciona la publicidad que se le dio a la ley de derribo de
aeronaves que anunció el año pasado el gobierno. "Eso alteró la selección
de rutas de los narcos. El mejor enemigo del narcotráfico es no contar nada,
que como cualquier vertiente del crimen organizado siempre tiene un plan de
lluvia".
Finalmente, dijo que al
75 % de droga que llega por vía terrestre se suma un 15 % por la vía fluvial y
el 10 por ciento restante vía aérea. "Estos números cambian por provincia.
En Córdoba hay 25 por ciento por aire y 75 por ciento terrestre",
concluyó.
Los Monos y las "mafias bravas" en los
clubes de fútbol
Al hablar de la actividad
de las bandas criminales, Laura Etcharren posicionó a los grupos cercanos a los
clubes de la ciudad y ubicó el desarrollo y crecimiento de la banda de Los
Monos. "Me niego a llamarlos barras bravas, sino mafias bravas, que están
vinculadas a los clubes de fútbol y sobre las cuales creció la banda de Los
Monos que en sus inicios, a fines de los '90 no parecía muy organizada y se fue
forjando de manera sostenida y estoica durante todo los 2000", indicó la
profesional. Según sus fuentes, Etcharren dijo que el grupo de Las Flores
"recibió cierta importación de métodos, como los narcotúneles o las
palomas (que nunca se comprobó que existieran). Y si no lograron encontrarle el
delito precedente (narcotráfico), es porque lo hicieron muy bien y tuvieron
connivencia de los grandes grupos de poder, incluso de la policía, que era una
banda narco más".

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